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El ‘Museo Desarmonía’ de Manuel Fernández

Manuel Fernández, autor de "Desarmonía", ante una de sus obras.

Manuel Fernández, autor de “Desarmonía”, ante una de sus obras.

El artista Manuel Fernández ha transformado el vestíbulo del Gran Teatro en un pequeño museo. Un museo de un solo autor, pero con muchas artes, representadas desde diferentes perspectivas, con texturas diversas y en el que la pintura es protagonista, pero también hay sitio para que la imaginación de “Manolillo, el pintor” se plasme en sorprendentes esculturas que se reparten por diferentes rincones del teatro manzanareño. “Desarmonía” se llama esta peripecia artística con la que el artista manzanareño, según confiesa, ha querido romper con todo.

Este museo temporal y desarmónico ha sembrado con 74 obras el espacio expositivo del Gran Teatro, tras año y medio de trabajo y derroche de imaginación. Hasta el 1 de noviembre se puede visitar gratis en el auditorio manzanareño. La inauguración se celebró el pasado viernes, a cargo del alcalde Julián Nieva, quien destacó que esta muestra refleja “los sentimientos y el arte” que Manuel Fernández lleva dentro.

Sin embargo, esta muestra parece fruto de la satisfacción de realizar aquello que a uno le gusta, de disfrutar con el arte y dejarse sorprender por las musas en cada momento, en cada obra. Manuel Fernández aprendió su propio estilo de las enseñanzas que da la vida y la contemplación de otros artistas, con el tesón del autodidacta y el necesario ingrediente del talento y la imaginación. Está libre de estilos y modelos, él los inventa, los mezcla y los cambia por intuición.

De hecho, su hija, Ángela Fernández-Arroyo, que sin duda ha sido testigo de la intrahistoria de muchos de los retazos que componen “Desarmonía”, destacaba en la presentación de la exposición de su padre la singularidad de su sensibilidad y la capacidad de encontrar el camino propicio para la expresión de sus ideas.

Inspiraciones desarmónicas

Pero no todo es caos en “Desarmonía”. Hay pequeñas series que ilustran motivos que han inspirado al artista. En alguna de ellas apreciamos referencias al mar, a la tierra, a la noche, a la libertad con alas de mariposas… obras que parecen contar momentos vitales, inspiraciones de lienzo y paseo, todas diferentes, como si estuvieran destinadas cada cual a su sala en este teórico museo “Desarmonía”. Encontramos desde pinturas rupestres hasta representaciones de mosaicos, líquenes y bodegones, paisajes, sentimientos, recuerdos. En la muestra, también cabe una serie pensada para niños, realizada en plateadas bandejas de pastelería. Y diversidades de formatos y técnicas, con óleo, acrílico, collage.

Mención aparte merecen sus trabajos escultóricos, con una riqueza de formas y elementos compositivos tan variados como pequeñas bolas o fragmentos de rocas. Piedras hechas arte y que, como comentaba el artísta, fueron difíciles de arrancar de su estable condición. Y es que, como afirma el propio autor, “la idea de una identidad fija no tiene sentido”. El arte se mueve y Manuel Fernández, que sabe de estas cosas como buen caminante observador, ha dejado estos días una rica colección de instantes hechos arte. Todo un museo.

 

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Sobre el Autor

Francisco J. Ruiz

Periodista y editor de Manzanares al día

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